miércoles, 27 de noviembre de 2013

Hacia el Mediterráneo

Sábado 26 de octubre. Llegamos a Cap d'Adge.
Como decía hace no mucho, es un pueblo costero, a algo más de dos horas de Toulouse en coche. Una de las ventajas de estar en el centro, es que casi todos los sitios visitables están a más de una hora pero menos de tres. Siempre y cuando no subas, claro. París está más lejos que Barcelona, porque Francia es muy larga.
Sin distracciones. El caso es que salimos un poco tarde de Toulouse, y llegamos casi a medianoche. Adoro el ambiente de las localidades de costa, especialmente de noche, aunque hacía un poco de frío, ya a finales de mes. No había mucha gente, pero según me dijeron casi todo el mundo venía en verano. Nosotros estábamos en un apartamento de la familia del padre, justo encima del puerto. Tal vez debería añadir que el puerto es enorme en comparación con el pueblo, y prácticamente todo Cap d'Adge está al lado del puerto. Pero eso sería quitarle un poco de encanto, tal vez. Bueno, no importa demasiado, donde haya mar, hay encanto de sobra.
Al día siguiente, por la mañana, nos fuimos a dar una vuelta por el puerto. Bueno, por la parte final del puerto. Empezamos viendo barcos pequeños, casi lanchas, luego unos un poco más grandes, y al final los yates y demás. Y hay que ver la imaginación y la falta de imaginación que tienen algunos para ponerle el nombre al barco. No les culpo, yo tampoco tengo mucha imaginación, aunque en mi opinión quedaría mucho mejor ponerle Balerion a un pedazo de barco, en lugar de Nérée, pero para gustos los colores. Después del paseo volvimos al apartamento para comer, y luego fuimos (en coche, claro, como ya dije, nuestra segunda casa en vacaciones) hasta Aigues-Mortes, otro pueblo al lado del mar, con un casco antiguo muy bonito. Hace ya bastante, el mar llegaba prácticamente hasta la muralla, de ahí el nombre. Por lo visto, la ciudad la mandó construir uno de los muchos Luises que han sido reyes de Francia, Luis IX o Luis XI, no lo recuerdo bien (algunos franceses comparten mi falta de originalidad a la hora de elegir un nombre, pero es curioso que todos sean reyes. ¿Debería sentirme halagada?). Para mejorar aún más la tarde, la madre nos invitó a Marie y a mí a un crêpe, y no sé muy bien cómo, acabamos hablando de las películas de Disney. El viaje en coche era bastante largo, pero al final mereció la pena. Por la noche fuimos a un restaurante vasco en el que habían estado en verano, que estaba muy bien. Y el lunes, después de otro paseo por el puerto, una visita al barco (sí, tienen un barco! Y era la primera vez que Dianne y yo subíamos a uno; a mí me encantó, a ella no tanto), y de una buena comida, consistente en un surtido de cosas de mar (gambas, mejillones, ostras y caracoles de mar), pasamos por Adge, la ciudad más cercana, antes de volver de nuevo a Toulouse. Ah, y por el faro también, claro, aunque nos costó un poco llegar; había tantas piedras que parecía que estábamos haciendo alpinismo. Hasta Dianne, que no se si lo he dicho, es la perra, dudaba a veces, y eso que ella lo tenía más fácil con sus cuatro patas. Pero llegamos sanos y salvos, y volvimos sin problemas. Por la noche, como llegamos un poco tarde a Toulouse, cenamos en casa de los abuelos paternos, que son nuestros vecinos, algo muy práctico en estos casos, y quedamos en que intentaremos hacer un "tour en bateau" con el abuelo, que es el experto, el último fin de semana que esté aquí. Ya no falta mucho, así que a ver si Odín está de buen humor y no hace mal tiempo ese fin de semana. Aunque conociendo mi mala suerte, podría hasta nevar.
No he descrito mucho, pero he hecho fotos. Y, a veces, una imagen vale mil palabras, o eso dicen, así que allá van.
 bientôt.










jueves, 14 de noviembre de 2013

Toulouse es más bonito en vacaciones

Estoy segura. Hizo sol casi todos los días, excepto el que quedamos con Elena y su corres, Claire. Cómo no, Bossu me ha pegado su mala suerte. Nos dimos una vuelta por el centro y nos encontramos a un amigo de Marie, pero como estaba empezando a hacer frío y Elena estaba un poco mala (un poco bastante en realidad, la pobre casi no podía ni hablar) nos volvimos a casa todos. Merendamos un poco y estuvimos viendo una peli de la que no me acuerdo de nada porque no paramos de hablar. Me pasa siempre que veo una película, me entran ganas de hablar de cualquier cosa. Me acordé de mi hermano, que se desespera cada vez que me pongo a hacer comentarios cuando estamos viendo una película. Adri, te echo de menos, aunque sigo creyendo que es mejor ver las películas haciendo comentarios de vez en cuando.
Al día siguiente (viernes ya! Cómo se nos había ido una semana tan rápido!?) fuimos al supermercado a comprar algunas cosillas, porque teníamos invitados a cenar. Como se acercaba Halloween, había un montón de calabazas, pero casi todo era igual que en los supermercados españoles. No sé por qué, me entraba la risa al ver prácticamente las mismas cosas, pero con el nombre en francés (es que vamos a ver, la primera vez que vi el bote de Mr. Prope, no sabía ni lo que era). Lo bueno, o tal vez no tan bueno, de la globalización, es que viajas a otro país y si tienes que comprar en el supermercado, es tan fácil como hacerlo en el de la esquina de tu casa. Bueno, hay algunas diferencias. La sección de queso, por ejemplo. No es ningún estereotipo infundado, los franceses comen muchísimo queso, todos los días (más incluso que chocolate, que ya es decir) y había pasillos y pasillos llenos de todo tipo de quesos y otros lácteos. Y todos están buenísimos, así que ahora ya entiendo por qué casi todos los franceses hacen algún deporte después de clase. Es el precio de tener cosas ricas al alcance de la mano.
Los invitados llegaron a cenar. Eran un matrimonio y su hija, de la edad de Marie, y resultaron ser muy simpáticos y abiertos. Hablaron un montón, y preguntaron también muchas cosas, así que fue una velada muy agradable. Cuando me fui a dormir estaba cansadísima, y a la mañana siguiente no me desperté del todo hasta que me dijeron que esa misma tarde nos íbamos a Cap d'Adge, un pequeño pueblo costero, en el mar Mediterráneo. Así que vuelta a hacer la mochila, esta vez solo para dos días, y se acabaron nuestros días de relax. Y lo que siguió vendrá en la próxima entrada. À bientôt.

Castres, del cumpleaños a los champiñones

Mis títulos son cada vez más ridículos, de verdad.
Primera parada: Castres, el pueblo de los abuelos maternos de Marie, ese de cuyo nombre no podía acordarme los primeros días. Desde que apunto todo en las notas del móvil mi vida es un poco más fácil. También es donde viven sus tíos y su primo pequeño, y donde se celebró la soirée de mi primera semana en Francia. Madre mía, qué rápido pasa el tiempo. Y, aún así, parece que fue hace mil años cuando una española aparecía en una cena francesa de alto standing, con su francés oxidado después del verano y un poco abrumada por la rapidez con que había pasado todo. Y ya parezco César, hablando en tercera persona, algo se me pega de las clases de latín, por lo visto.
Cada vez pierdo el hilo con más rapidez. Centrémonos. El mismo sábado del que hablaba en la entrada anterior era el cumpleaños del primito, que cumplió cuatro años y es monísimo. Así que después de comprarle el regalo cogimos el coche y en poco más de una hora estábamos en Castres. Dejamos las mochilas y nos fuimos a casa de los tíos a cenar. La cena estaba muy buena, no faltó la champagne, ni el foie gras. La verdad es que no recuerdo ninguna comida mala desde que estoy aquí. Puede que eso explique la cantidad de peso que estoy cogiendo, que luego a ver cómo demonios lo pierdo. Pero no me desvío del tema. Cantamos cumpleaños feliz en francés y en español (con mi solo en el "te deséamos, Quentin") y otra canción que no había oído nunca pero que también decía Joyeaux Anniversaire, así que tenía su lógica. Los Playmobil fueron el alma de la fiesta cuando llegó el momento de los regalos, y las tartas estaban muy buenas, y además no tenían chocolate (en los dos meses que llevo aquí creo que he visto más chocolate que todo el que haya podido haber comido en toda mi vida. Es un poco lioso, pero para entendernos, aquí se come mucho chocolate).
Al día siguiente fuimos a visitar a unos amigos, farmacéuticos también (¿he dicho ya que los dos padres de Marie son farmacéuticos?), que vivían a algo más de una hora de Castres. Tenían dos hijas, una de nuestra edad, y la otra un poco más pequeña, y las dos muy simpáticas. Habían hecho un intercambio o algo así con unos peruanos o argentinos o ... No sé, de eso no me acuerdo, no lo apunté en las milagrosas notas. Y nos estuvieron enseñando fotos y contando anécdotas. Después fuimos a un cine que estaba en un camión, y aunque estuvo bien, olía un poco raro, y después de un rato de película estaba tan mareada que no creía que pudiera hacer el viaje de vuelta en coche. Una hora después, estaba montada en el coche, y como pusimos música se me pasó un poco.
Esa misma noche, los padres se volvieron a Toulouse, dejándonos a los tres con los abuelos, que son majísimos, así que nos lo pasamos bien. En general fueron unos días relajados, igual nos pasamos un poco con la tele, pero para compensarlo salimos una tarde a comprar y a hacer el paseo que suele hacer la abuela todos los días, con una amiga, por un camino muy bonito, al lado de un campo de golf. Y oh my god, porque a los quince minutos ya estábamos cansadas, mientras que la abuela estaba tan fresca. La juventud de hoy en día, señores. Pero fue agradable, después de todo. Otra tarde estuvimos haciendo crêpes, y descubrí que son realmente difíciles de hacer, mucho más que las tortitas, en contra de lo que pensaba, y era completamente incapaz de sujetar el bol y la sarten al mismo tiempo. Menos mal que Marie tiene dos manos y me pudo echar una antes de que la liara. Y por la noche nos quedábamos Jean (el hermano) y nosotras dos viendo la película que pusieran. Vimos Shrek 4 (y fue divertido porque ellos no habían visto ninguna de las anteriores, y la verdad es que la cuarta es muy rara) y Eragon, y hay que ver lo poco que se les entendía, el que doblaba a Eragon en particular parecía que se había olvidado de sacarse el chicle de la boca.
El miércoles vino la madre a comer, y después fuimos las cuatro a comprar manzanas naturales y a coger champiñones. Al principio me daba un poco de miedo que cogiéramos alguno no apto para el consumo humano, por decirlo de alguna forma, pero en la carrera de farmacia hay una parte de estudio de los champiñones, y además no era la primera vez que lo hacían, así que no había peligro de acabar en la sala de desintoxicación del hospital más cercano. Después había que limpiarlos un poco, claro, y eso se hace con un cuchillo y mucho valor, porque puede aparecer cualquier tipo de bicho. Vale, igual soy un poco exagerada con los bichos en general, de hecho, imaginaros mi reacción al ver el primer gusano, porque las tres me dijeron corriendo que no tenía que hacerlo si no estaba cómoda. Prometo que lo intenté, pero es que era ver un gusano y pegar un grito, así que tampoco hice mucho. Bueno, hice fotos, de eso sí me acordé, y no me exponía a que se me subiera un repugnante ser lleno de patas y alas por el brazo. O sin patas ni alas, pero igualmente repulsivo.
Esa tarde-noche (era por la tarde, pero aquí anochece muy pronto) volvimos a Toulouse. Me costó un poco despedirme de la abuela, le había cogido cariño, aunque se pasara todas las comidas diciéndome que comiera más. Abuelas, en España o en Francia, hay cosas que nunca cambian.
Los siguientes días los pasamos en Toulouse, pero ya me he extendido bastante con esta entrada, así que tocará en la siguiente. Para acabar, que no se me olvide poner las fotos, ya que por una vez mi cabeza funcionó como es debido y se acordó a tiempo. À bientôt.
Del paseo

No lo había mencionado, pero los abuelos tienen un gato que es adorable, como todos.
Quiero un gato, y es una indirecta muy directa.

Esto era solo el principio...

En realidad esta la saqué la primera vez que vine, en mi primer fin de semana,
cuando fuimos a dar una vuelta por el pueblo.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Vacaciones... en octubre?

Así es. Señoras y señores, en Francia por cada siete semanas de clase tienen dos de vacaciones. Espero que no tenga que volver a oír a un francés diciendo que tienen pocas vacaciones. Aunque como cuando salimos del instituto ya es casi de noche, se compensa un poco.
Pero no voy a hablar más del instituto. Estamos a viernes, hace tres semanas. Último día de clase. Las clases parecían durar horas y horas y el minutero del reloj iba a paso de tortuga. Pero al final, dieron las cinco y media, y empezaron oficialmente nuestras vacaciones francesas.
Marie y yo pasamos la tarde merendando unos pastelitos que habían comprado los padres para celebrar nuestra libertad y viendo una serie de fantasmas. Vale, reconozco que no daba demasiado miedo, pero a mí esas series me ponen muy nerviosas. Así que cuando mi hermanita francesa se fue a natación decidí que era el momento perfecto para dar por terminada mi sesión de tele. Una cena tranquila, con una estupenda pizza del viernes, y poco más que contar de nuestra primera tarde.
Reto de mi familia para las vacaciones: visitar todos los sitios a los que suelen ir a lo largo del año en quince días. Por lo que ellos mismos dicen, lo que suelen hacer las familias francesas cuando hay vacaciones de quince días es irse la primera semana a un sitio, y la segunda a otro. Pues bien, mi familia se las ingenió para que en dos semanas pudiéramos estar en cuatro o cinco sitios, en periodos de dos o tres días, y cuando se acabaron las vacaciones, tenía la impresión de que habían sido cuatro o cinco semanas por lo menos, y el coche se había convertido en nuestra segunda casa. Pero no me quiero adelantar.
Como mi familia es muy organizada, voy a serlo yo también y voy a contar todas las cosas que hicimos, por partes y en orden. Así que acabo esta entrada con una foto que nos hicimos el primer sábado de vacaciones, cuando quedamos con unas amigas de Marie para dar una vuelta por el centro de Toulouse. À bientôt.



miércoles, 30 de octubre de 2013

He encontrado mi epitafio

"No longer mourn for me when I am dead
Than you shall hear the surly sullen bell
Give warning to the world that I am fled
From this vile world, with vilest worms to dwell.
Nay, if you read this line, remember not
The hand that writ it; for I love you so
That I in your sweet thoughts would be forgot
If thinking on me then should make you woe.
O, if, I say, you look upon this verse
When I perhaps compounded am with clay
Do not so much as my poor name rehearse
But let your love even with my life decay.
Lest the wise world should look into your moan
And mock you with me after I gone."

Y es que, aunque me quejo mucho porque se inventaba palabras y está en todas mis clases de literatura inglesa, en el fondo Shakespeare era genial. Y el soneto XVIII, aunque es un poco más empalagoso, también es precioso:

"Shall I compare thee to a summer's day..."

Los yogures de Elena haciendo historia en el Saint Joseph

Acabo de caer en la cuenta de que, en todo este tiempo, nunca se me había ocurrido hablar del comedor y la comida en el instituto, o si lo he hecho, solo de pasada.
Las clases de la mañana acaban a las doce o a las doce y media, y empiezan a la una o a la una y media, dependiendo de tu suerte. En ese sentido, tengo el mejor horario de todo el instituto, porque excepto el lunes, que empiezo a la una y media, el resto de los días tengo libre la hora de después de comer, así que puedo tardar el todo el tiempo que quiera. Como Francesca come en su casa casi siempre, las que acabamos cerrando el comedor casi siempre somos Elena y yo. De entre todos los horarios que nos resultan raros de los franceses (acabar el instituto a las seis, cenar a las ocho, etc) el de la comida es uno de los que peor llevamos. Bueno, ya lo llevamos mucho mejor porque por lo menos hemos empezado a tener hambre a la hora de la comida, un gran paso teniendo en cuenta que veníamos de comer todos los días a las tres, y el primer día no había quien pegara bocado a mediodía. El comedor es bastante grande, pero se queda enano en relación al número de alumnos del Saint Joseph, así que muchos días acabamos comiendo en el comedor de los niños del colegio, que empiezan antes. A la entrada siempre hay una cola espantosa, digna del Abismo del Parque de Atracciones (los franceses son más educados hasta que se ponen en una cola, entonces se desesperan y empujan y se cuelan igual que todo el mundo), y dentro hay otra igual para llegar donde están las bandejas. Para coger la bandeja tienes que pasar una "carte" con un código de barras, la misma que hay que pasar en el CDI, el foyer y el aula de estudio. Si tienes suerte la bandeja sale, y si no, te toca llamar al encargado, que siempre anda por ahí con una PDA milagrosa que lo soluciona todo. En mi caso tuve suerte, mi tarjeta funcionó a la parfección desde el primer día, pero hubo algunos problemas con las de algunas alumnas alemanas y españolas. Suerte que nuestras amigas francesas nos echan una mano siempre que hay complicaciones. Y si se te ha olvidado la carte, cosa que me pasó el primer día, cómo no, te toca esperar hasta la una y llamar al encargado de la PDA. Cuando ya tienes tu bandeja, pasas por la barra y vas cogiendo los platos, y por un momento todo parece una película americana, hasta que te das cuenta de que te has vuelto a olvidar las servilletas, que están al principio, y tienes que volver a empujones, lo que rompe un poco el efecto.
Una vez que consigues sentarte con tu bandeja el resto es fácil. La comida está buena, aunque los franceses comen a una velocidad que no creo que les de tiempo a disfrutarla, y lo mejor es que si no está demasiado buena, hay un bote enorme de mayonesa a tu disposición. Y la verdad es que todo está bueno con mayonesa. Durante la comida no suelen hablar mucho, y si lo hacen, no les impide seguir comiendo sin parar. Al principio puede parecer raro, pero teniendo en cuenta que a veces solo hay una hora y media para comer, y pasas una hora y cuarto en la cola, les acaban entendiendo. Y al lado de los franceses, que comen en diez minutos, está Elena, que come en unos cuarenta, más o menos, razón por la que siempre acabamos saliendo las últimas del comedor. E igual no tardaríamos tanto si no le gustara tanto hablar y los yogures, porque te dejan coger dos si quieres, y con la charla entre cucharada y cucharada, la comida se alarga otra media hora más. Normalmente los encargados son muy agobiantes, porque te empiezan a meter prisa a la una y veinte, incluso cuando les dices que no tienes clase después, pero después de unas semanas empiezan a conocerte y te dejan tranquila. Un día conseguimos un récord que hizo historia en el St. Joseph, saliendo del comedor casi a las dos menos diez. El que limpiaba las mesas fue muy simpático, y limpió todas las del comedor antes de echarnos, para darnos más tiempo.
Así que si algún día pasáis por Toulouse y se os ocurre visitar nuestro instituto, probablemente el sitio donde más se acuerden de nosotras (además de en el CDI, por la cantidad de veces que tienen que recordarnos que pasemos la carte) sea el comedor, como la española de la mayonesa y la del yogurt, o simplemente las españolas que siempre salían las últimas. También podéis buscar a uno de los cocineros, que es de Bilbao, con el que siempre hablamos cuando nos lo encontramos. Igual hasta nos echan de menos, ahora en vacaciones.
La próxima entrada será más seria, I promise. À bientôt.

Mesniversario pasado por agua

Hace algunas semanas cumplimos nuestro primer mes aquí. Fue un buen viernes, a pesar de la tromba de agua que nos cayó. Pero no quiero adelantarme, voy a seguir el curso natural de los acondecimientos.
Amaneció como casi cualquier otro día, un poco frío, pero nada fuera de lo normal. Por supuesto, no se me ocurrió mirar el tiempo que iba a hacer ni mucho menos, eso es de cobardes. Así que me fui tan tranquila al instituto, como cualquier otro día. Pues bien, hacia las diez de la mañana empezó a llover, y ya no paró. Como tenía clases hasta el mediodía, solo lo notaba entre clase y clase, cuando había que atravesar el patio corriendo y esquivando charcos, pero cuando salimos de literatura inglesa a la hora de la comida, con nuestro soneto de Shakespeare en la cabeza (alguien debería plantearse la posibilidad de estudiar a otro autor inglés, o al menos cambiarle el nombre a la asignatura por "Life and works of Shakespeare" o algo así), la cosa se había puesto peor. Había por lo menos cuatro dedos de agua en todo el patio, en algunos sitios más, y el agua caía literalmente a chorro. Una amiga y yo tuvimos la increíble suerte de habernos traído una chaqueta con capucha, así que no estábamos tan empapadas como deberíamos, pero luego se me ocurrió la brillante idea de atravesar el patio de punta a punta, sin la capucha. Probablemente Gibbs me hubiera dado una colleja, y creo que a mi amiga también le entraron ganas, porque en los veinte segundos que tardamos en llegar a la otra punta acabamos chorreando como si nos acabáramos de tirar a una piscina. Para colmo, cuando entramos al baño para secarnos el pelo en el secador, había una especie mutante de mosquito, tan grande como la palma de mi mano. Después de la comida le pregunté a uno de mi clase si era normal que cayera el diluvio universal, en Toulouse, y el muy gracioso me dijo que sí. Deberían prohibir hacer bromas de ese tipo, porque me quedé un rato bastante asustada. Una lluvia fina de vez en cuando es muy poético y queda muy bien, pero volver a casa con el aspecto de haber atravesado el atlántico a nado no tanto, aunque luego Odín se calmó, y no ha vuelto a llover tanto desde entonces.
Como era mi mesniversario en Francia, en casa estábamos de "celebración", así que cenamos pizza y unas patatas que eran lo más parecido al fuego valyrio que he probado nunca. Después de dos o tres, dejabas de distinguir lo dulce de lo salado, lo cual era un poco preocupante, pero la pizza estaba muy buena. No cantamos Joyeaux mesniversaire porque es una canción aún por inventar, pero lo pasamos bien. Además, me dieron una buena noticia que me animó bastante: a finales de octubre había unas estupendas vacaciones de dos semanas. Pero esto ya es otro capítulo.

Cogito ergo sum... o eso dicen

Esta y otras frases útiles vamos aprendiendo en clase de latín. Aunque parezca una locura, porque es probablemente la clase en la que estoy más perdida, me gusta. Es raro, hace un año tenía muy claro que mi futuro estaba en la biología, y ahora mismo no me lo imagino sin literatura o historia. Lo que pueden cambiar las cosas en meses, a veces, incluso en semanas.
El instituto ha dejado de ser un laberinto enorme y complicado. Bueno, sigue siendo grande, pero ya no nos perdemos con tanta frecuencia. Además, como ya conocemos a la gente, muchas veces en lugar de buscar el aula por tu cuenta, puedes seguir a los de tu clase. Una vez que los conoces mejor, te das cuenta de que aunque no sean muy abiertos, sí son muy simpáticos, o por lo menos la gran mayoría de ellos. Y a veces, cuando tienes un mal día, una palabra amable y una sonrisa ayudan mucho.
El frío no acaba de llegar a Toulouse. En realidad, cada día hace una temperatura diferente, como si la escogieran al azar, y muchas veces te equivocas al coger más o menos ropa de abrigo de la que hace falta. Un día te pones el abrigo y al día siguiente vas en manga corta. Bueno, eso me pasa a mí porque siempre se me olvida mirar el tiempo que va a hacer, los franceses parecen tener un instinto natural y nunca se equivocan. Si no llego a noviembre con un resfriado, es que he tenido mucha suerte.
En cuanto a los fines de semana, siempre son un alivio. Puede que las clases vayan mejor, pero sigo sin acostumbrarme a salir todos los días a las cinco y media, y aún más teniendo en cuenta que cenamos a las ocho. Los fines de semana salimos a veces por el centro o a un centro comercial, o vamos a cenar a un restaurante con amigos de la familia. Hace un par de semanas, salimos un domingo a dar una vuelta en bicicleta. El carril-bici recorre el canal de Midi, así que las vistas son realmente buenas. A lo largo de casi todo el canal, te vas encontrando un montón de barcos. Según me explicó mi familia francesa, son como apartamentos en los que vive la gente. Sinceramente, no creo que pudiera estar mucho tiempo en un barco, ni mucho menos vivir dentro, pero para gustos, los colores. El paseo estuvo genial; echaba mucho de menos la bici, aunque fui dando el espectáculo con un casco rosa de florecitas por todo Toulouse. Aunque ahora hace más frío, espero que lo podamos repetir algún día.
À bientôt, mes petits lecteurs, et carpe diem.

He vuelto, y esta vez para quedarme

O eso espero. Creo recordar que esas eran mis intenciones, la última vez que me senté delante del ordenador y abrí el blog, pero algo salió mal, así que lo volveré a intentar. Se supone que tengo que escribir de vez en cuando, y no todo de golpe, pero bueno, aquí las cosas no suelen ser como se supone que tendrían que ser.
Aunque no lo parezca por la introducción (igual me he pasado) estoy de mucho mejor humor. Una vez que te acostumbras a sus peculiaridades, los franceses son gente muy agradable, y en general no intentan complicarte las cosas. Por supuesto, toda regla tiene excepción, pero una de las cosas más importantes que he aprendido estas semanas (wow, ya casi dos meses) es que juzgar a un grupo de personas por lo que hagan uno o dos es un error. Y uno bien grande.
Para no enrollarme mucho, solo diré que vamos a poner en marcha el DeLorean y a remontarnos a hace unas pocas semanas, no muchas. Más o menos, poco después de volver de Bordeaux.

lunes, 14 de octubre de 2013

Invasión española-italiana y muchos recuerdos

Bueno, también había un par de holandesas, y una turca y algún norteño más, pero éramos casi todo españoles e italianos. Qué originales somos eligiendo destino para estudiar en el extranjero. Pero bueno, no me quejo, cuantos más sureños con ganas de fiesta, mejor.
Bordeaux, bonita ciudad, con una bonita estación, llena de gente bastante agradable. El 23 de septiembre nos dirigíamos allí las tres españolas y todos los demás estudiantes del Comenius que estamos en Francia. Teníamos que coger un tren a las once de la mañana, y yo pensaba, Bordeaux no está tan lejos de Toulouse, lo malo sería estar por Lyon, París o esas zonas del norte, que serían un montón de horas. Pero, una vez que llegamos y empezamos a preguntar en qué lugar de Francia estaban los demás, nos asombramos al descubrir que éramos de las que vivían más lejos, y es que al final tardamos casi cuatro horas en llegar (había que coger dos trenes, y teníamos una hora entre uno y otro para comer, pero aún así tuvimos tiempo de sobra para aburrirnos. Menos mal que Elena y Ken Follet me amenizaron viaje).
El segundo tren, el que nos llevaba de Bordeaux a Arcachon, iba tan lleno como la línea 1 en hora punta, así que nosotras, que debemos de haber sido bendecidas con un don celestial, nos tuvimos que quedar de pie todo el viaje. Detrás había dos chicas sentadas que estaban hablando español, y nos empezamos a preguntar si no sería demasiada casualidad que tuvieran nuestra edad, hablaran español y estuvieran en el mismo tren y con la misma dirección que nosotras. Acertamos, claro, no había mucho margen de error. Las cuatro españolas desconocidas del tren se convirtieron durante la hora siguiente en nuestras cuatro primeras nuevas amigas. Y no es por nada pero ya se echaba un poco de menos la sociabilidad española, así que fue como un soplo de aire fresco en verano. Gracias, alicantinas, por ser tan geniales.
El caso es que un par de horas después, por fin llegamos a nuestro verdadero destino, que no era Bordeaux, como creíamos al principio, ni Arcachon, como pensamos cuando vimos los billetes, sino un sitio cerca de un pequeño pueblecito, que a su vez estaba cerca de Arcachon. La habitación la compartíamos las tres mostoleñas, y estábamos a menos de un minuto de... Tachán!! Aunque con la marea baja estaba a tomar vientos, ahí teníamos la playa. Sí señores, todo el mundo con sus bañadores y sus toallas y nosotras con nuestra cara de sorpresa (en nuestra defensa, solo puedo decir que no nos avisaron, y no se nos ocurrió). Bueno, ahora tendría que hacer una lista de las cosas que nos olvidamos (imaginárosla, teniendo en cuenta todo lo que me dejé al venir a Francia), pero no me voy a dejar más en ridículo. Prometo escribir algún día un libro con todos mis despistes y olvidos, seguro que me salen más de mil páginas.
Volviendo a nuestro lunes famoso, poco después de dejar las maletas, pasamos por el centro de mando (eh... la sala de reuniones, pero suena menos profesional) donde nos dividieron por grupos, de forma que hubiera varias nacionalidades en un cada grupo. En mi grupo estábamos cuatro españoles y tres italianos, pero había otros también más variados (y ole el pareado), todos majísmos, y a los que me alegro mucho de haber conocido. Nuestro monitor también era muy simpático y agradable, y ha sido una de las pocas personas que además de interesarse por los estudios, el conocimiento del idioma, etc, también se interesara por cómo estábamos anímicamente, y nos animó mucho. Todas las actividades que hicimos me encantaron, porque no solo eran entretenidas, sino además bastante instructivas. Cuando, dos días después, volvimos a Toulouse, estaba más alegre y optimista que nunca. Así que un agradecimiento especial a todos por esos tres días.
En cuanto a los detalles, no tienen mucho misterio. Amigos, bromas, pocas ganas de dormir por las noches... los españoles dando la nota, como siempre, pero era de esperar. El segundo día nos dividieron en tres grupos para hacer actividades, y aunque al principio yo quería bicicleta, al final me pusieron en el de la visita a la "dune du Pilat", y estoy enormemente agradecida por ello. Imaginaros un bosque, la playa, y en medio una gigantesca duna de arena. Y cuando digo gigantesca, estoy diciendo muy muy grande. Había escaleras, pero un grupo de siete o ocho, muy valientes nosotros, decidimos que no era para tanto, y la subimos por la arena. Y cuando estábamos a la mitad y no podíamos dar un paso nos arrepentimos, pero muy poco, porque las vistas eran excelentes en cualquier punto de la duna, y los que tenían cámara pudieron llenar la memoria. Cuando llegamos por fin arriba, aún nos quedaba mucho tiempo, así que bajamos a la playa.
Tal vez sea una paranoia mía (de momento nadie me lo ha confirmado, así que es muy posible) pero estoy segura de haber oído hablar de esta duna en clase de francés, hace años. Me acuerdo porque cuando lo oí lo primero que pensé fue que sería genial bajarla rodando, en la más pura definición de "huir haciendo la croqueta". No era exactamente un sueño, pero lo pude cumplir de todas formas. Y mereció muchísimo la pena. Por supuesto, las cuatro que lo hicimos, al levantarnos no éramos capaces de dar un paso del mareo, y nos llenamos literalmente de arena (tuve que sacudir el pantalón en la ventana porque tenía hasta en los bolsillos y el dobladillo), pero será una de las experiencias que guarde con más cariño de este viaje. Y después de un paseíto por la playa, de nuevo volver a subirla entera, para bajar por el otro lado. Había incluso gente haciendo aladelta, por allí cerca, y me gustó tanto que lo apunté en mi lista mental de cosas que me gustaría hacer algún día. Podría decirse que aquella tarde taché un "sueño" cumplido de la lista y escribí otro. La segunda bajada fue mucho más rápida, al menos para los que la bajamos corriendo. Nos faltó muy poco para comernos unos árboles que estaban por allí, teniendo en cuenta que no podíamos frenar, pero por suerte no hubo incidentes que lamentar. Como he dicho antes, agradezco muchísimo haber podido visitar este lugar increíble. Ahora solo tengo las foto y los recuerdos, pero por el momento me basta, aunque es probable que dentro de un tiempo no me baste y decida volverme a pasar por allí.
El día siguiente a la visita a la duna, era nuestro tercer día... y también el último. ¡Si parecía que lleváramos una semana, de todo lo que habíamos hecho y toda la gente a la que habíamos conocido! Las despedidas fueron bastante emotivas, y el viaje de vuelta fue algo más entretenido, al menos hasta Bordeaux, donde nos despedimos de los italianos que también habían cogido nuestro tren, y cogimos el TGV para volver a Toulouse. Bueno, antes tuvimos que esperar en la estación un buen rato; tenía una avería o algo así, y no podía ir muy rápido, pero pude tachar otra cosa de la lista. En el tren tuvimos un encuentro bastante curioso. Llevábamos unos minutos oyendo hablar a un hombre, en el asiento de atrás, en francés pero con un acento que nos resultaba familiar. Y no falló, por lo visto era español, y cuando nos oyó hablar trabó conversación con nosotras enseguida. Como para salir en un capítulo de Españoles por el Mundo.
Cuando llegamos a Toulouse, yo ya pensaba solo en mi estupenda casita francesa, pero nada más salir de la estación cambié de parecer. Era de noche ya, pero no hacía frío; soplaba un poco de aire, y por un momento la calle me pareció igual a la Castellana. Me cuesta bastante expresar lo muchísimo que me gustan este tipo de noches, en la ciudad, y aunque solo lo expresara sonriendo, para mí ya mereció la pena la eterna espera en la parada, a cambio de haber podido salir de la estación de noche. En ese momento se me olvidó la pena por haberme tenido que despedir de todos, y la pereza porque había clase al día siguiente. En ese momento, solo estábamos la noche y yo. Como diría cierto gallego: I'm the night!
Y, antes de que se me olvide, aquí van algunas fotos. No son mías porque Sole se olvidó la cámara, entre otras cosas, pero creo que podré ponerlas aquí sin tener que pagar derechos de autor. Merci!
Obviamente, con marea alta

Las escaleras para los cobardes...

... y la alternativa para los valientes

Los seis de turno

Mostoleñas y alicantinas

Un placer haberos conocido a todos. Espero que haya una próxima vez!

viernes, 4 de octubre de 2013

De vuelta por aquí... remontémonos a hace un par de semanas

Antes de nada, debería disculparme por llevar tanto tiempo sin poner nada. No tengo excusa, salvo que he estado liada con un montón de cosas que hacer y con poco humor para ponerme a escribir. Pero cada vez me voy haciendo más a la idea de mis rutinas y todo empieza a parecerme más natural. Una de las cosas que he aprendido hasta ahora es que no hay nada como vivir tú mismo una experiencia. Me habían contado cómo sería, me había preparado para lo que se me venía encima, pero a pesar de que todas mis suposiciones eran bastante razonables, ninguna se acercaba ni de lejos a la realidad. Es una mezcla de cosas, desde los grandes choques y cambios del principio, la mayoría inesperados, hasta las pequeñas rutinas del día a día, que no dejan de sorprender. Ya hacemos un mes aquí, y me siento todavía como si estuviera viviendo un sueño. Cuando recuerdo cosas del curso pasado, me parece increíble que solo hayan pasado meses, es más, me parece increíble que esas cosas le hayan pasado a la misma persona que lleva cuatro semanas en Francia. Es muy raro, pero te vas acostumbrando.
Por aquí las cosas van bien. Estas últimas semanas hemos hecho un montón de cosas que merecen su entrada, así que acabo esta para empezar otras que probablemente sean mucho más amenas de leer. Y os dejo un par de fotos de Carcassonne, un precioso pueblo que está a una hora y pico en coche de Toulouse, y que fuimos a visitar, el fin de semana pasado no, el anterior (madre mía, que complicados somos los españoles para retroceder o avanzar en el tiempo). En fin, el caso es que es un sitio muy bonito, con su muralla medieval y su iglesia/basílica/catedral (no entiendo mucho de esto y se me olvidó mirar el cartelito). Ah, y también hay palomas. Os parecerá una tontería, pero en todo este mes no había visto ni una, en Toulouse debe de haber una ley antipalomas, que desde luego es de lo más eficaz. A mí me hizo ilusión verlas, me recordó mucho a Madrid, pero a Marie no tanto, le tiene bastante manía a los pajaros.
Al lunes siguiente a esta visita, las tres españolas nos fuimos tres días a Bordeaux, con el resto de estudiantes del Comenius en Francia, pero esto ya es otra historia. À très bientôt.

PD: Por cierto, no se si os habéis fijado, pero no me he quejado de el teclado francés ni una sola vez. Es que he encontrado la forma definitiva para escribir bien y sin perder la mitad de mi vida con cada entrada, copiando y pegando tildes. No preguntéis, que es secreto profesional. Pero a cambio, ahí van unas fotos de Carcassonne!



domingo, 15 de septiembre de 2013

Clases, horarios y más cambios

Si me hubieran dicho hace unas semanas que arreglar un horario era una cosa complicada, probablemente me habría reido, porque en realidad es bastante absurdo. Ay, inocente, qué sabía yo de la vida y sus conjuntos.

Vamos a ver, el horario en sí es complicado porque están todas las posibles clases que puedes dar, con todos los profesores y todas las aulas. La idea es que te vayas enterando de las clases que tienes y lo vayas despejando (a falta de tipex, buenos son los tachones). Pero el problema es que algunos no se acaban de poner de acuerdo, y es muy desconcertante que un profesor te diga que tienes que ir a una clase, para que al día siguiente te diga otro que no, o que te sugieran, por ejemplo, que hagas italiano (oye, que a mí me encantaría aprender italiano, pero no sé si son el lugar y el momento más adecuados). Total, que al final he intentado ir a todas las clases, me han sacado de un par y me han echado en falta en otras, y tengo que agradecerle infinitamente a mi tutora, la profe de francés, que se ofreciera a aclararme un poco las cosas. De todas formas, el lunes tengo una reunión con otra profesora, para comentar más cosas, así que ya veremos si vuelve a haber cambios. Lo más desconcertante de todo, sin embargo, es que todo el mundo parece saber lo que tienes que hacer menos tú, porque cuando te lo explican lo hacen como si fuera algo obvio. Igual los franceses tienen poderes telepáticos y nadie nos había dicho nada.

En cuanto a las clases, no han ido mal. Poco a poco me voy haciendo hueco entre los Lannister de mi clase, que al final han resultado ser majos en su gran mayoría. Definitivamente francés es una de mis asignaturas favoritas, aunque voy a tener que estudiar más literatura estos tres meses que en toda mi vida, e incluso literatura inglesa empieza a ir mejor. El popurri de idiomas y el caos mental sigue siendo el mismo (por qué no preguntan y contestan en el mismo idioma!?), pero por suerte los de mi clase están deseando contestar a las preguntas, así que no he tenido que mostrar mis escasos conocimientos sobre el tema. Curiosamente, estos días me están saliendo una cantidad alucinante de pareados cuando escribo en español; quién sabe, Jehan y la France, que me inspiran. Por desgracia, en educacion física no he tenido las bendiciones de los Siete, y me ha tocado hacer baloncesto. Como información adicional, podría comentar que probablemente no habré metido más de veinte canastas en los cuatro años que llevo haciendo baloncesto en el instituto, como recordarán mis anteriores profes de educacion física. No sé con qué intensidad se darán las clases aquí, pero por el bien de mis dedos y de mi futuro con Ned, espero que no se pasen. Los miércoles han pasado de ser el día mas horrible de la semana a ser el mejor, porque solo tengo francés. Eso sí, los viernes han perdido todo su encanto, y han pasado a la categoría del lunes, lo cual es una verdadera lástima.
Los horarios me siguen trastocando el cuerpo y la cabeza. Las comidas, por ejemplo, son cada vez a una hora. En el instituto depende de cuándo te pongas en la cola, y calculando entre media hora y tres cuartos de hora de empujones, sabes mas o menos a qué hora comes. Pero en mi casa es más libre, así que unos días comemos a las doce y otros a las dos, y hoy por ejemplo hemos cenado a las siete, que es pronto hasta para ser Francia, así que tengo la sensación de que estoy comiendo a todas horas, y no es una sensación demasiado agradable.
La familia sigue siendo simpática por el momento, y me parece un milagro porque a estas alturas ya deberían estar hasta el gorro de mis excentricidades. Este fin de semana no nos hemos movido mucho de casa, salvo para dar una vuelta por el centro de Toulouse, pero ha sido muy agradable.
Y creo que lo voy a ir dejando ya. En la cena hemos estado hablando de temas muy interesantes, y se me ha ocurrido una idea genial para un libro, así que voy a ir corriendo a apuntarla antes de que se me olvide (bueno, mejor andando, porque hay una escalera de caracol y ya van tres veces que casi me mato por intentar bajar a oscuras). A los de Móstoles, espero que hayáis pasado unas buenas fiestas (pura cortesia, sé perfectamente que os lo habéis pasado genial porque lo habéis restregado bien; aun así, se os quiere) y a los españoles en general, buen comienzo de curso!
Au revoir

Lluvia y sol, frío y calor: solo nos queda decir... tiempo loco

Esta es solo una breve entrada para comentar que lo del tiempo por aquí es más confuso que organizar los horarios (en realidad miento porque no hay nada más confuso que estos horarios, y debería dejar de mentir porque dicen que no es buen hábito). Esta semana ha empezado lloviendo y con un tiempo bastante asqueroso, tanto que ya pensaba que se nos acababa el verano. Pero luego, unos días después, ha dejado de llover y ha empezado a hacer calor otra vez. Y al mismo tiempo frío. Es algo confuso, pero por regla general por la manana hace frío, alrededor de mediodía empieza a hacer un calor espantoso, y luego por la tarde es ese punto intermedio en el que no sabes que ponerte, porque solo con camiseta tienes frío, pero en cuanto te pones una chaqueta empieza a hacer calor otra vez. Y los listos diréis, no es tan complicado, solo hace calor cuando hay sol. Pero el problema es que ese maldito sol unas veces no se digna a aparecer, y otras aparece sin avisar, así que casi seguro que salgo de septiembre con un resfriado o algo así. Bueno, por lo menos el tema del abrigo ya lo tengo solucionado (no sé si recordáis que la inteligente de mademoiselle Alises tiene su abrigo muriéndose de risa en el armario, en Móstoles). He tenido que comprar uno, pero ha merecido la pena, porque además el parte meteorológico de la semana que viene no tiene muy buena pinta. A tout a l'heure!

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Una soirée en familia y mi francesa no sabe quién es Enjolras

No, en serio, no lo sabe. Marie, eres un encanto, pero no se puede vivir en Francia y adorar París, sin saber quién es Enjolras. Si no, Grantaire se ofende y pasan cosas malas.
Dejando a un lado ciertos detalles, paso a contar brevemente cómo ha sido la primera soirée auténtica francesa. En realidad, viene siendo una cena, que entre aperitivo y tercera porción de tarta puede durar cuatro o cinco horas facilmente. El sábado despues de comer cogimos el coche para ir a la casa de los abuelos de Marie, que viven en el campo, muy cerca de un pueblo de cuyo nombre querría acordarme pero no es el caso, por desgracia. Como aún teníamos un poco de tiempo antes de que empezaran a llegar invitados, nos fuimos las dos con sus padres a dar una vuelta por el pueblo. Siempre he sido mas urbanita que rural, pero he de reconocer que el pueblo es una preciosidad (ojalá pudiera recordar el nombre), y aunque empezó a caer un poco de lluvia mientras andábamos por las calles, por alguna razón no me importó demasiado, era como si la lluvia lo hiciera todo mas real. Después de ese paseo, que se me hizo mas corto de lo que me imaginaba, volvimos de nuevo a la casa de sus abuelos. El aperitivo ya había empezado, en la casa de sus tíos, que está al lado de la de sus abuelos, y empezaron a llegar un montón de familiares y amigos, algunos de ellos con sus hijos pequeños. No sé si habéis intentado hablar alguna vez con un niño francés, pero son cien veces mas difíciles de entender que los adultos, especialmente cuando se quedan callados en mitad de una frase, como si se les acabara de olvidar lo que iban a decir a continuación. Pero poco a poco, escuchando un poco de conversacion por aquí y otro poco por allí, preguntando algo a nosequién y contestando a la pregunta del de mas allá (es una forma de hablar, en realidad estábamos en la parte menos dicharachera de la mesa, y escuché más que hablé), me fui sintiendo cada vez mas cómoda con el idioma y la gente.
Después de unos aperitivos muy elaborados, con canapés y cositas así bastante monas, llego la cena, una especie de surtido de cosas de mar. Además, después de las gambas teníamos una toallita con olor a limón, por lo visto para limpiarse las manos porque el olor a pescado es desagradable. Oh là là, la exquisitez francesa. Y después vino la tarta, la sobremesa y demás, que pudo durar como hasta la una o así. Los franceses todos muy majos, no muy gritones pero bastante charlatanes, y preguntándome cosas de vez en cuando; y menos mal, porque no sé qué tiene el acento francés que me atonta un poco. Igual es porque no hay erres ni jotas ni sonidos fuertes, o lo mismo es porque no gritan tanto como por ahí abajo, pero si no me centro mucho, pierdo el hilo de las conversaciones cada dos por tres. Bueno, ahora que lo pienso, a veces también me pasa en España... Mmm tendré que elaborar una teoría al respecto. A bientôt!

lunes, 9 de septiembre de 2013

Dicen que los comienzos siempre son difíciles y caóticos. Mais la question est... où sont les Amis del ABC?

En efecto, los dos primeros días de instituto han sido de todo menos tranquilos. Bueno, tampoco han sido lo que se dice aburridos.
El instituto es un lugar enorme, lleno de aulas con números como A137 y B112, que están en un orden que desafía toda lógica y frustra constantemente nuestros intentos de no perdernos cada vez que cambiamos de clase, cosa que hacemos cuatro o cinco veces al día. No sé muy bien cómo ni por qué, pero el primer día aterricé en clase de matemáticas con Francesca, que supuestamente no está en mi clase, así que divinamente, como diría cierto sapo (los que no lo entendáis no os lo toméis a mal, que no va por vosotros). Y, según mi horario, tengo una cosa que se llama Education Scientifique que me da mucho miedito porque suena horriblemente científico.
Por cierto, mi horario es una locura, aunque tiene su parte de gracia porque me da la sensación de que estoy en una película americana (sensación que acentúan las taquillas y demás cosillas). A mis compis les parece muy normal no saber exactamente dónde o con quién tienen la siguiente clase, pero a mí me sigue estresando un poco, aunque reconozco que es agradable que te dejen un poco de libertad para ir y venir a tu aire. Luego nos han explicado lo de la semana A y la semana B, y todo ha cobrado un poco más de sentido. Creo que, despues de dos días equivocándome en la mitad de las clases y llegando tarde a todas, ya sé más o menos orientarme por aquí, aunque no descarto la posibilidad de usar la brújula que ha aparecido en mi maleta hace un par de días, y que no tengo ni la más remota idea de cómo ha llegado ahí.
A la pregunta más obvia ("Qué tal las clases en francés?") tengo que contestar que depende mucho de la asignatura y, sobre todo, del profesor. Los hay que hablan claro y es un gusto porque te enteras de todo, y los hay que parece que se van inventando palabras a lo Gavroche, lo cual es bastante confuso, pero poco a poco, aún tenemos tiempo para enterarnos de qué van exactamente las asignaturas; de momento la mayoría de las clases son tranquilitas. En Francés estamos viendo literatura francesa, lo cual no está nada mal, aunque hay un montón de autores franceses que me suenan a chino (cruzad todos los dedos para que demos a Victor Hugo, porque en ese caso voy a ser muy muy feliz), y Filosofía es esa estupenda clase en la que todo el mundo habla y da su opinión a una velocidad que no debería estar permitida en un instituto. Aunque en realidad, la clase que me da verdadero pánico es Literatura Inglesa. El profesor tiene la extraordinaria cualidad de no respirar entre frase y frase, y en mi atontamiento inicial ni siquiera me di cuenta de que estaba hablando en inglés hasta que lo mencionó, pasando a dar la explicación a la misma velocidad en francés, cosa que sonó muy convincente pero a mí me dejó como estaba. Ahora bien, como mi mente aún no es capaz de traducir una pregunta del francés al español al mismo tiempo que piensa la respuesta en inglés, ha entrado en un estado de shock del que luego me ha costado sacarla. Resumiendo, es bastante probable que me replantée mi futuro con esta asignatura.
En cuanto a la gente de por aquí, la mayoría son bastante simpáticos. El primer dia volví loca a una chica de mi clase, que por lo visto tenía que buscarme cada vez que me perdía, y aún con su ayuda, no llegué a tiempo a una sola clase. También debería agradecer a nuestras "corres" y a algunas de mi curso (Marie, Camille, Claire Anne y otras) que nos explicaran cómo funciona un poco todo por aquí. Aunque no olvidemos que mi mente ahora es un caos en intento de organizarse y me cuesta horrores recordar comó se llama cada una, porque todos los nombres me suenan igual. Por cierto, tengo que apuntar en algun sitio no volver a olvidarme el carnet porque si no te quedas sin comer, como pude comprobar el viernes.
A propósito, como dato, los chicos de por aquí tienen casi todos los ojos azules y esas cosas, pero no hay rastro de Enjolras, Combeferre y el resto de les Amis del ABC, que deben estar montando una buena allá en París, así que voy a rezar porque tenga la posibilidad de subir a hacerles una visita. Ah, y al fin he probado el famoso "éclair au chocolat", algo que llevo queriendo hacer desde que mi profe de francés lo mencionó en primero, y que se me lleva olvidando en todos los viajes anteriores. No estaba malo, aunque el chocolate y yo nunca nos llevaremos demasiado bien.
Y por fin empieza el fin de semana. Así que después de agradecer a todos los profes y alumnos que nos han echado una mano con las clases, horarios y demás, y maldecir por vigésimo quinta vez este teclado que no tiene tildes ni eñes ni las letras en su sitio, me despido hasta la proxima entrada. A bientôt!
PD: Si me he dejado una tilde o algo I'm sorry, prometo que lo he revisado cinco millones de veces

Mi horario y sus desventuras, pero con un poco de suerte esta semana me lo modifican un poco

Por si teníais la curiosidad. Todos a ahorrar, que esto es Francia!

sábado, 7 de septiembre de 2013

Viaje, llegada y acoplamiento en casa francesa

Eso es exactamente lo que hicimos hace un par de días. Lamento no haber podido escribir desde entonces, pero es que aquí la conexion (au secours! Las vocales que no son la e no tienen tilde. Por qué no hay tilde!!??) no siempre es muy buena.
Pues bien, estamos a día cuatro de septiembre de dos mil trece. Después de una noche en vela dando vueltas por mi habitación como un lobo huargo enjaulado, al fin han llegado las ocho y me he empezado a poner en marcha. Quién me iba a decir a mí que el día estaría cargado de sorpresas. Tras unos ultimos preparativos, hemos conseguido salir de casa con todo el equipaje y... oh là là, casi me dejo el pasaporte y la tarjeta de embarque. Sí, me podéis matar. Y, una vez en el aeropuerto, otra sorpresita. La maleta de Sole se excede del límite de peso permitido, y eso contando el hecho de que la muy despistada se ha dejado el abrigo en su armario. Antes de que os empecéis a meter conmigo por lo del peso, os recordaré que, gracias a Ned, solo podía llevar una maleta; nada de equipaje de mano. Meted 3 meses en 20 kilos y luego os dejo criticarme a gusto. Pero, por si aun podía haber mas problemas, en la cola de embarque han estado a punto de hacerme facturar la "maleta con forma alargada" (o flauta, como ha dicho otro) también conocida entre los eruditos como violín. Y, claro, si me hacen meter a Ned donde el resto de las maletas, que tan cuidadosamente cargan en la bodega, me puedo ir despidiendo de volver a verlo entero. Y tampoco es plan, que le tengo mucho cariño.
El viaje ha tenido poca cosa de especial, si no se cuenta la emoción de viajar en avión, aún mas con la perspectiva de no volver a pisar tierra española en tres meses y esas cosas, y aproximadamente una hora después de haber salido llegábamos a la ville rose.
Al bajar del avión y entrar en el aeropuerto estabámos un poco nerviosas. Apenas conocíamos a nuestras francesas por fotos, pero cuando apareció la primera (casualmente la mía, con su madre) y me saludó, sonriente, me sentí un poco más tranquila. A partir de ahí, coger las maletas (con ayuda, claro), llegar a la casa e instalarme fue cosa de coser y cantar (en realidad, no sé hacer ninguna de las dos cosas, pero vosotros me entendéis). Marie, mi francesa, es majísima y su familia en general es muy divertida y acogedora. En seguida me preguntó qué tal me habia ido el viaje y, cuando llegamos a su casa, me explicó como funcionaba todo, sin agobiarme pero antes de que tuviera la necesidad de preguntar, con lo cual me he sentido muy cómoda en todo momento. Ahora, solo un par de días después, no me cuesta ver su casa casi como "mi casa", aunque vaya a ser solo hasta diciembre. Y vaya, que la casa es una pasada, con su planta baja, sus dos pisos, su jardín y lo mejor de todo, persianas que se suben con botones. A mí es que estas cosas electrónicas me pierden.
En cuanto a los primeros días de instituto, un poco mas caóticos, se merecen una entrada a parte, así que lo dejo por ahora. A tout à l'heure!

PD: Si os cuento lo que he tenido que hacer para escribir en español con este dichoso teclado que no tiene ni tildes ni eñes y donde todas las letras estan descolocadas, os reís. Dejémoslo en secreto profesional.
Recién subidas al avión, si no nota por nuestras caras de almohada

Ultimas vistas de España. Hasta diciembre!

domingo, 1 de septiembre de 2013

Quiero una maleta más grande. Y un giratiempo

La maleta obviamente es por culpa de las leyes físicas que me impiden meter mi armario en una maleta que no puede pasar de veinte kilos. ¿Cómo decidir qué dejo y qué me llevo? ¡Son tres meses! Y no voy a ir con abrigo en septiembre, o con pantalones cortos en diciembre. Nunca se me ha dado bien hacer maletas, así que no va siendo mal momento para empezar a aprender, a menos que alguien me regale el giratiempo y convierta los tres días que nos faltan para irnos en tres semanas, cosa que agradecería eternamente.
Pues sí, aquí estamos, a solo tres días (72 horas, 4320 minutos... mejor no sigo) de empezar esta aventura. Ni más ni menos que una estancia de tres meses en Toulouse, la ville rose. Para qué engañarnos, además de tener muchas ganas y una maleta demasiado pequeña, estoy un poco nerviosa. En realidad, creo que solo es un poco porque aún no me hago a la idea de que en algo más de cuatro mil minutos habré cruzado la frontera con otras dos compañeras. Vale, que tres meses (doce semanas, noventa días... ya paro) se pueden pasar en un suspiro, pero ahora mismo me parecen toda una vida.
Pero por ahora no me voy a preocupar demasiado por eso, tengo algunas cosillas más urgentes en que pensar, como encontrar la forma de cerrar la maleta al vacío para que el aire no me robe espacio, o intentar no dejarme nada. Y ésta última parte me va a costar, porque soy despistada a más no poder, y no me haría demasiada gracia llegar tan feliz, abrir la maleta y darme cuenta de que me he olvidado todos los zapatos, por poner un ejemplo. Una vez, una persona muy experimentada me aconsejó hacer una lista con todo lo que quería llevar cada vez que hacía un viaje, hasta las cosas más evidentes. Y como me ha funcionado en otras ocasiones, he seguido el consejo, de modo que mi lista crece y crece cada día (y se admiten sugerencias), a la par que la lista de cosas que tengo que acordarme de hacer antes de irme. Otra bien importante.
Bueno, para terminar esta primera entrada, solo quiero recordar que este blog es público, que podéis comentar o preguntar lo que queráis, pero que os agradecería mucho que no usárais vocabulario subido de tono, porque lo tienen que leer además personas adultas, serias y responsables. Yo también intentaré ser buena persona y no decir maldades de nadie.
Hasta la próxima ;)