Bueno, también había un par de holandesas, y una turca y algún norteño más, pero éramos casi todo españoles e italianos. Qué originales somos eligiendo destino para estudiar en el extranjero. Pero bueno, no me quejo, cuantos más sureños con ganas de fiesta, mejor.
Bordeaux, bonita ciudad, con una bonita estación, llena de gente bastante agradable. El 23 de septiembre nos dirigíamos allí las tres españolas y todos los demás estudiantes del Comenius que estamos en Francia. Teníamos que coger un tren a las once de la mañana, y yo pensaba, Bordeaux no está tan lejos de Toulouse, lo malo sería estar por Lyon, París o esas zonas del norte, que serían un montón de horas. Pero, una vez que llegamos y empezamos a preguntar en qué lugar de Francia estaban los demás, nos asombramos al descubrir que éramos de las que vivían más lejos, y es que al final tardamos casi cuatro horas en llegar (había que coger dos trenes, y teníamos una hora entre uno y otro para comer, pero aún así tuvimos tiempo de sobra para aburrirnos. Menos mal que Elena y Ken Follet me amenizaron viaje).
El segundo tren, el que nos llevaba de Bordeaux a Arcachon, iba tan lleno como la línea 1 en hora punta, así que nosotras, que debemos de haber sido bendecidas con un don celestial, nos tuvimos que quedar de pie todo el viaje. Detrás había dos chicas sentadas que estaban hablando español, y nos empezamos a preguntar si no sería demasiada casualidad que tuvieran nuestra edad, hablaran español y estuvieran en el mismo tren y con la misma dirección que nosotras. Acertamos, claro, no había mucho margen de error. Las cuatro españolas desconocidas del tren se convirtieron durante la hora siguiente en nuestras cuatro primeras nuevas amigas. Y no es por nada pero ya se echaba un poco de menos la sociabilidad española, así que fue como un soplo de aire fresco en verano. Gracias, alicantinas, por ser tan geniales.
El caso es que un par de horas después, por fin llegamos a nuestro verdadero destino, que no era Bordeaux, como creíamos al principio, ni Arcachon, como pensamos cuando vimos los billetes, sino un sitio cerca de un pequeño pueblecito, que a su vez estaba cerca de Arcachon. La habitación la compartíamos las tres mostoleñas, y estábamos a menos de un minuto de... Tachán!! Aunque con la marea baja estaba a tomar vientos, ahí teníamos la playa. Sí señores, todo el mundo con sus bañadores y sus toallas y nosotras con nuestra cara de sorpresa (en nuestra defensa, solo puedo decir que no nos avisaron, y no se nos ocurrió). Bueno, ahora tendría que hacer una lista de las cosas que nos olvidamos (imaginárosla, teniendo en cuenta todo lo que me dejé al venir a Francia), pero no me voy a dejar más en ridículo. Prometo escribir algún día un libro con todos mis despistes y olvidos, seguro que me salen más de mil páginas.
Volviendo a nuestro lunes famoso, poco después de dejar las maletas, pasamos por el centro de mando (eh... la sala de reuniones, pero suena menos profesional) donde nos dividieron por grupos, de forma que hubiera varias nacionalidades en un cada grupo. En mi grupo estábamos cuatro españoles y tres italianos, pero había otros también más variados (y ole el pareado), todos majísmos, y a los que me alegro mucho de haber conocido. Nuestro monitor también era muy simpático y agradable, y ha sido una de las pocas personas que además de interesarse por los estudios, el conocimiento del idioma, etc, también se interesara por cómo estábamos anímicamente, y nos animó mucho. Todas las actividades que hicimos me encantaron, porque no solo eran entretenidas, sino además bastante instructivas. Cuando, dos días después, volvimos a Toulouse, estaba más alegre y optimista que nunca. Así que un agradecimiento especial a todos por esos tres días.
En cuanto a los detalles, no tienen mucho misterio. Amigos, bromas, pocas ganas de dormir por las noches... los españoles dando la nota, como siempre, pero era de esperar. El segundo día nos dividieron en tres grupos para hacer actividades, y aunque al principio yo quería bicicleta, al final me pusieron en el de la visita a la "dune du Pilat", y estoy enormemente agradecida por ello. Imaginaros un bosque, la playa, y en medio una gigantesca duna de arena. Y cuando digo gigantesca, estoy diciendo muy muy grande. Había escaleras, pero un grupo de siete o ocho, muy valientes nosotros, decidimos que no era para tanto, y la subimos por la arena. Y cuando estábamos a la mitad y no podíamos dar un paso nos arrepentimos, pero muy poco, porque las vistas eran excelentes en cualquier punto de la duna, y los que tenían cámara pudieron llenar la memoria. Cuando llegamos por fin arriba, aún nos quedaba mucho tiempo, así que bajamos a la playa.
Tal vez sea una paranoia mía (de momento nadie me lo ha confirmado, así que es muy posible) pero estoy segura de haber oído hablar de esta duna en clase de francés, hace años. Me acuerdo porque cuando lo oí lo primero que pensé fue que sería genial bajarla rodando, en la más pura definición de "huir haciendo la croqueta". No era exactamente un sueño, pero lo pude cumplir de todas formas. Y mereció muchísimo la pena. Por supuesto, las cuatro que lo hicimos, al levantarnos no éramos capaces de dar un paso del mareo, y nos llenamos literalmente de arena (tuve que sacudir el pantalón en la ventana porque tenía hasta en los bolsillos y el dobladillo), pero será una de las experiencias que guarde con más cariño de este viaje. Y después de un paseíto por la playa, de nuevo volver a subirla entera, para bajar por el otro lado. Había incluso gente haciendo aladelta, por allí cerca, y me gustó tanto que lo apunté en mi lista mental de cosas que me gustaría hacer algún día. Podría decirse que aquella tarde taché un "sueño" cumplido de la lista y escribí otro. La segunda bajada fue mucho más rápida, al menos para los que la bajamos corriendo. Nos faltó muy poco para comernos unos árboles que estaban por allí, teniendo en cuenta que no podíamos frenar, pero por suerte no hubo incidentes que lamentar. Como he dicho antes, agradezco muchísimo haber podido visitar este lugar increíble. Ahora solo tengo las foto y los recuerdos, pero por el momento me basta, aunque es probable que dentro de un tiempo no me baste y decida volverme a pasar por allí.
El día siguiente a la visita a la duna, era nuestro tercer día... y también el último. ¡Si parecía que lleváramos una semana, de todo lo que habíamos hecho y toda la gente a la que habíamos conocido! Las despedidas fueron bastante emotivas, y el viaje de vuelta fue algo más entretenido, al menos hasta Bordeaux, donde nos despedimos de los italianos que también habían cogido nuestro tren, y cogimos el TGV para volver a Toulouse. Bueno, antes tuvimos que esperar en la estación un buen rato; tenía una avería o algo así, y no podía ir muy rápido, pero pude tachar otra cosa de la lista. En el tren tuvimos un encuentro bastante curioso. Llevábamos unos minutos oyendo hablar a un hombre, en el asiento de atrás, en francés pero con un acento que nos resultaba familiar. Y no falló, por lo visto era español, y cuando nos oyó hablar trabó conversación con nosotras enseguida. Como para salir en un capítulo de Españoles por el Mundo.
Cuando llegamos a Toulouse, yo ya pensaba solo en mi estupenda casita francesa, pero nada más salir de la estación cambié de parecer. Era de noche ya, pero no hacía frío; soplaba un poco de aire, y por un momento la calle me pareció igual a la Castellana. Me cuesta bastante expresar lo muchísimo que me gustan este tipo de noches, en la ciudad, y aunque solo lo expresara sonriendo, para mí ya mereció la pena la eterna espera en la parada, a cambio de haber podido salir de la estación de noche. En ese momento se me olvidó la pena por haberme tenido que despedir de todos, y la pereza porque había clase al día siguiente. En ese momento, solo estábamos la noche y yo. Como diría cierto gallego: I'm the night!
Y, antes de que se me olvide, aquí van algunas fotos. No son mías porque Sole se olvidó la cámara, entre otras cosas, pero creo que podré ponerlas aquí sin tener que pagar derechos de autor. Merci!
Obviamente, con marea alta
Las escaleras para los cobardes...
... y la alternativa para los valientes
Los seis de turno
Mostoleñas y alicantinas
Un placer haberos conocido a todos. Espero que haya una próxima vez!