jueves, 14 de noviembre de 2013

Toulouse es más bonito en vacaciones

Estoy segura. Hizo sol casi todos los días, excepto el que quedamos con Elena y su corres, Claire. Cómo no, Bossu me ha pegado su mala suerte. Nos dimos una vuelta por el centro y nos encontramos a un amigo de Marie, pero como estaba empezando a hacer frío y Elena estaba un poco mala (un poco bastante en realidad, la pobre casi no podía ni hablar) nos volvimos a casa todos. Merendamos un poco y estuvimos viendo una peli de la que no me acuerdo de nada porque no paramos de hablar. Me pasa siempre que veo una película, me entran ganas de hablar de cualquier cosa. Me acordé de mi hermano, que se desespera cada vez que me pongo a hacer comentarios cuando estamos viendo una película. Adri, te echo de menos, aunque sigo creyendo que es mejor ver las películas haciendo comentarios de vez en cuando.
Al día siguiente (viernes ya! Cómo se nos había ido una semana tan rápido!?) fuimos al supermercado a comprar algunas cosillas, porque teníamos invitados a cenar. Como se acercaba Halloween, había un montón de calabazas, pero casi todo era igual que en los supermercados españoles. No sé por qué, me entraba la risa al ver prácticamente las mismas cosas, pero con el nombre en francés (es que vamos a ver, la primera vez que vi el bote de Mr. Prope, no sabía ni lo que era). Lo bueno, o tal vez no tan bueno, de la globalización, es que viajas a otro país y si tienes que comprar en el supermercado, es tan fácil como hacerlo en el de la esquina de tu casa. Bueno, hay algunas diferencias. La sección de queso, por ejemplo. No es ningún estereotipo infundado, los franceses comen muchísimo queso, todos los días (más incluso que chocolate, que ya es decir) y había pasillos y pasillos llenos de todo tipo de quesos y otros lácteos. Y todos están buenísimos, así que ahora ya entiendo por qué casi todos los franceses hacen algún deporte después de clase. Es el precio de tener cosas ricas al alcance de la mano.
Los invitados llegaron a cenar. Eran un matrimonio y su hija, de la edad de Marie, y resultaron ser muy simpáticos y abiertos. Hablaron un montón, y preguntaron también muchas cosas, así que fue una velada muy agradable. Cuando me fui a dormir estaba cansadísima, y a la mañana siguiente no me desperté del todo hasta que me dijeron que esa misma tarde nos íbamos a Cap d'Adge, un pequeño pueblo costero, en el mar Mediterráneo. Así que vuelta a hacer la mochila, esta vez solo para dos días, y se acabaron nuestros días de relax. Y lo que siguió vendrá en la próxima entrada. À bientôt.

No hay comentarios:

Publicar un comentario